Iglesia Presbiteriana en Levittown
Ayúdate que yo te ayudaré PDF Imprimir Correo electrónico
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PobreEl mejor 
Escrito por Rvdo. Jorge Daniel Zijlstra Arduin   
Jueves 31 de Julio de 2008 13:33

2ª Reyes 5: 1-14   Gálatas 6: 6-10  Lucas  10: 1-11  y  16-20.         

¿Cuándo fue la ultima vez que estas mismas lecturas fueron leídas juntas en esta congregación? Bueno, es posible que estas mismas lecturas las leyéramos en el año 2004 porque el leccionario se reitera cada tres años. Pero si les preguntara ¿qué año estas mismas lecturas fueron leídas también un domingo 8 de julio? Creo que ahí la memoria no puede ser tanta...

En Un 8 de julio pero del año 2001 prediqué por primera vez en esta amada iglesia y los textos eran los mismos indicados para hoy. Así las cosas ya se han cumplido seis anos completos y hoy comenzamos el 7mo predicando entre ustedes. Año importante y simbólico para la tradición judía y también para nosotros que nos esforzamos en guardar en nuestra memoria las cosas hermosas que Dios hace en medio nuestro. Como no acordarnos del templo pequeño y las sillas metálicas, las 5 puertas del templo. Los abanicos. La alfombra “amarillita” en realidad era un color extraño pero no amarillo como tal. Como no acordarnos de las flores de plástico y de las ofrendas que no alcanzaban, contadas en la oficina pastoral que era casi como una lata de sardinas. Y la silla de la oficina que se viraba…. Y tantas cosas más nos acordamos.

El viernes tuvimos una sencilla actividad titulada “mirando el pasado” y  fue bien impactante escuchar las anécdotas que casi todos contaron sobre sus vidas, unas más alegres, otras con más tragedia, y todas con dos reconocimientos: que Dios siempre estuvo a nuestro alcance para derramar sus cuidados y  bendición; y que Dios nos ha transformado radicalmente a lo largo de nuestras vidas.

Imagínense que hoy son líderes destacados de la iglesia hermanos que antes si les quitaban un parking rayaban carros o les vaciaban las gomas. Gente que antes desconfiaba y peleaba hoy son ovejas dóciles de los rediles del Señor.

Y es que el Señor pone al alcance de esta iglesia, y al alcance de cada uno y cada una de nosotros la bendición y los cambios para plenitud y vida. Pero deja en nuestras manos que sigamos siempre igual, o que cambiemos definitivamente.

Y uno puede pensar que los negocios que nos ofrece Dios son la mar de las veces: difíciles; que sus exigencias son irrealizables. Porque a fin de cuentas por eso Dios es Dios y nosotros no… Él todo lo puede pero nosotros no.

Nada más lejos de la realidad mi amada congregación los negocios de Dios para con nosotros son sencillos.

Cree en mí y te bendeciré.

Obedéceme y te daré vida

Confía en mí y mi mano te protegerá

Humíllate delante de mí y yo mostraré mi poder.

Nada de esto es difícil, es sencillo y de consecuencias hermosas.

Pero a veces nosotros tenemos esa reacción tan humana de la incredulidad. Y como el general sirio, si nos dicen que para tener salud tenemos que tomarnos la receta del lavamiento 7 veces en un río de una tierra extraña. Nosotros decimos que no, que mejores remedios conocía mi abuelita. Qué como se atreve este hombre a hablarme en nombre de Dios y decirme algo tan sencillo. Que se ha creído el profeta que para colmo de males es extranjero para Naaman y además ni siquiera lo atendió directamente sino que le mandó un mensajero para que le de las instrucciones.

Cuando Dios quiere actuar lo pone a nuestro alcance de manera sencilla. Pero nosotros por nuestra incredulidad y por nuestra manera de pensar como nos gusta a nosotros no creemos. Si Dios nos dice que para bendecirnos tenemos que arrodillarnos sobre arroz una hora cada domingo…. Quizás la iglesia estaría más llena. Porque los seres humanos somos duros de cabeza y complicados.

Pero siempre alguien se acerca y con la sabiduría de nuestros mayores nos dice: Si el profeta te hubiera dicho algo difícil lo hubieras hecho ¿? Has entonces lo sencillo que te indica y prueba… deja ver que hace Dios si le crees.

Ahí se produce el milagro, la vida, el cambio, la  manifestación del poder. Cuando nos humillamos para creer. Cuando dejamos a un lado nuestras maneras de ser y de pensar y confiamos en la palabra de Dios.

Esa es la misma fe de los 72 que Jesús envió a la misión. Jesús no los envió con recomendaciones imposibles de realizar, les dio unas instrucciones sencillas. Vallan a las ciudades, y mejor de dos en dos que solos, no necesitan ser un grupazo para hacer las cosas, dos y mi espíritu es suficiente, asi que vayan y prediquen. Si los reciben bien coman, beban, compartan  acepten lo que les den porque el obrero es digno de su salario.

Y si no los reciben, pues, sigan a donde si quieran aceptar el mensaje. Esto da idea de la política de personal de la iglesia y el Reino. Trabaja con los que quieren, los que no quieren…. Pues,….

Pero haciendo lo que Dios manda hasta los demonios se les sometian dicen cuando regresan. Sencillamente porque creyeron, confiaron e hicieron su parte. Así es que la Biblia boricua es certera cuando dice que Dios afirma el la famosa frase: “ayúdate que yo te ayudaré” . Este es el aprendizaje de Naaman y de los 72. Haz lo tuyo que Dios hará lo de Él.

Cada cual tiene que creerle a Dios para recibir su manifestación y en obediencia hacer lo que nos pide. Si por voz del profeta Dios dice: prediquen, pues prediquen. Si dice: visiten, visite. Si dice sean fieles, ofrenden, trabajen la puntualidad. Háganlo, porque aunque parezcan cosas sencillas en ellas está el secreto de la bendición.

Bendición que no es para todos, por eso el profeta deja claro que solo el que cumpla con el rito será sano. Jesús también dice que solo el que trabaje, el que haga lo indicado gozará del banquete. Dice el obrero merece el banquete,…. Pero el vago…  y Pablo también dice el que siembra en el espíritu cosechará del mismo espíritu para vida eterna, Si no desmayamos, dice, y seguimos sembrando… cosecharemos…. Que Dios así lo permita a la iglesia de levittown y a cada uno y una de sus miembros fieles.

En tiempos del profeta Eliseo, hubo un leproso que además no pertenecía al pueblo de Dios, que cuando se vio curado de su enfermedad, después de haberse bañado siete veces en las aguas del Jordán, como había ordenado el profeta, “volvió (como los setenta y dos del evangelio) con su comitiva y se presentó al profeta, diciendo: ahora reconozco que no hay Dios en toda la tierra más que el de Israel... en adelante tu servidor no ofrecerá holocaustos ni sacrificios a otros dioses fuera del Señor”

Por eso hermanos no olvidemos nunca Dios nos pone las exigencias sencillas y nos bendice y nosotros debemos volvernos agradecidos al Señor Esta es una actitud imprescindible en el cristiano fiel y verdadero. Porque esta actitud demuestra quienes pertenecen realmente al pueblo de Dios.

Hermanos y hermanas, agradecidos a Dios termino con dos párrafos de mi primera predicación entre ustedes….

“es nuestra misión y no la de otros, el predicar en este mundo lleno de conflictos y necesidades. Somos hoy nosotros a quienes Dios ha elegido para trasmitir su mensaje de esperanza, justicia y plenitud. Y para eso solo se necesitan un par de cosas claras y la primera de ellas es el querer hacer lo que Dios exige… acordémonos que Jesús comenzó su predicación diciendo bienaventurados aquellos que hacen lo que Dios exige…..

Yo diría que la Iglesia Presbiteriana en Levittown puede hacer algo tan sencillo como probar que sucede si de dos en dos comparten a algunas personas algo tan fácil como el decirles por que para ustedes es bueno estar con Jesús y vivir su fe en la iglesia…..

… Haciendo lo que Dios quiere y compartiendo esta experiencia con los demás, Dios muestra su poder y les asegura la presencia en su Reino.

Dice Lucas en los versículos que siguen a los que leímos que “Jesús, lleno de alegría por el espíritu Santo, dijo: te alabo Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has mostrado a los sencillos las cosas que escondiste a los sabios y entendidos. SI Padre, porque así lo has querido”

Que estas sean las palabras de Jesucristo hacia los miembros de la iglesia que adora y sirve en la comunidad de Levittown. Que cada uno/a podamos transformarnos en multiplicadores del Reino”.

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